Un estéril plan de huida

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Liberar de los pestillos las contraventanas y abrir las hojas. Superar la celosía, salvar dos alturas y cruzar el patio esquivando maceteros resecos. Llegar así a la escalera que trepa el muro y encontrarse de bruces sobre el tejado con el vértigo del vacío suspendido, con un estéril plan de huida.

Buceando una azotea

Agradecer que la noche transcurrió sin sobresaltos (la luna pasa por la puerta a saludar cuando va de recogida, no más tarde de las cinco), agradecer que el sol se alce sobre los edificios y pueda verlo buceando una azotea. Cerrar los ojos acurrucado en tu ausencia (recordarte me desviste de distancia) y pedir -en … Leer más

Si dijera lo que pienso

Podrían ocurrir tres cosas si dijera lo que pienso acerca de los linchamientos públicos (ie: Robe Bodegas), el trato que se pide para los animales (domesticados y sometidos, mascotas vamos), la estulticia para andar enredados en lazos amarillos o cadáveres a exhumar, la prostitución (con perdón, por si alguna persona de piel fina se incomoda … Leer más

Un empeño cotidiano a mano alzada

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La luz se empeña en eliminar obstáculos atravesando brumas, bordeando esquinas, traspasando muros y subrayando grietas. La luz, apenas un resquicio asomado a la ventana, un empeño cotidiano a mano alzada y ras de acera. Y tanta sombra a este lado de la calle.

El color del cansancio

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Amarillo es el color del cansancio, el de la tierra exhausta bajo un cielo ahora estéril barrido por aire infecundo. Amarillo es el color de la ausencia y la distancia, rastrojos de aliento o ensoñaciones remotas. Es amarillo todo camino pendiente, todo recuerdo improbable, toda caricia perdida.