David Uclés, un escritor al que no he leído. David Uclés, una persona que no conozco, es decir, no hemos compartido mesa, botella, tabaco, ni conversación. ¿Por qué, entonces, escribir sobre él? Porque puedo, porque quiero, porque es la principal ventaja de disponer de tu propio espacio donde publicar los escritos que consideres.
David Uclés: rojo
Un escritor joven triunfa con su primera obra publicada y… Falso, contaba con otras dos creaciones: El llanto del león (Premio Complutense de Literatura 2019; jurado presidido por Luis Mateo Díez, que algo sabrá de letras…) y Emilio y octubre. Ha de sumarse el reciente Premio Nadal por La ciudad de las luces muertas.
Imagino, y es un eufemismo, que a David Uclés le llaman rojo. Es que con esas «cositas» de la Guerra Civil nos seguimos removiendo en la silla del restaurante y aún damos un sorbo precipitado al vermú, bien por incomodarnos solo con el tema (es sabido que, en la mesa, mejor ausencia de política, religión y fútbol, como perfectamente te recuerdan cada Navidad en casa, ¿no?), bien por ganar unos segundos para la réplica (léase contraataque). Sea cual sea la posición de defensa: a favor de unos, de otros o neutralidad.
«Hondonadas» de hostias a David Uclés
Recuerdas la frase de Pazos, el personaje de Manuel Manquiña en Airbag: «Bueno, vamos a llevarnos bien porque si no va a haber hondonadas de hostias aquí, eh». Imprescindibles e inevitables. Las hostias, digo.
Imprescindibles las hostias simbólicas: me empeño estos días por transformar en un trabajo escolar de un par de semanas lo que el libro de texto de mi alumnado esconde en apenas unos párrafos: Segunda República, Guerra Civil, dictadura franquista. Jóvenes de 15 y 16 años que no saben nada, nada, absolutamente nada, de esta parte de la historia. Como tampoco conocen a Martin Luther King o a Mohandas Karamchand «Mahatma» Gandhi.
Quizá eso explique en parte el progresivo aumento de la extrema derecha, porque estos jóvenes solo pueden aprender tales barbaridades mediante réplica e imitación. ¿Tal vez en casa además de en los entornos digitales? Espero corregirlo o mitigarlo con el trabajo de clase y la lectura de Bajo la fría luz de octubre, del escritor albaceteño Eloy M. Cebrián.
Inevitables las hostias. David Uclés disfruta (o padece) en estos momentos un vertiginoso éxito. Y esto, en España, se paga. Desconozco el detalle, nunca he estado sometido a la dictadura del éxito. Pero puedo intuirlo porque tengo la fea costumbre de leer en voz baja (en su momento, una gravísima falta de respeto pues debía leerse en voz alta).
Soy lector de Arturo Pérez-Reverte por activa y por pasiva. Por activa, previo desembolso de su importe para adquirir la novela que me haya parecido conveniente en su momento. Por pasiva, accediendo gratuitamente a sus artículos en XL Semanal (que yo leo con latencia de una semana y profundísimo disfrute en Zendalibros.com). Si te pasa como a mí, que te gustan mucho sus artículos, aquí tienes una compilación de treinta años: artículos de Arturo Pérez-Reverte 1992-2022.
El precio de las decisiones
Pero don Arturo parece, y es otro eufemismo, airado por la decisión de David Uclés consistente en declinar una invitación, al parecer después de aceptarla, para participar en unas jornadas sobre la Guerra Civil a desarrollar en breve en Sevilla.
Y a partir de aquí, hondonadas de hostias. Las legiones casi paramilitares cargan su artillería y afilan sus plumas: ignorante, sectario… Descortés es lo más suave que puede leerse al respecto. Pero no faltará tampoco la guerra de guerrillas de los milicianos afines, el temible fuego amigo, reprochando la retirada, olvidando que sobrevivir hoy significa luchar mañana. Y, por otra parte, la certeza de que la neutralidad es poco factible en estos días de sí o no, blanco o negro, conmigo contra mí, además de garantía segura de hondonadas de hostias por ambos lados.
Me ha sorprendido la respuesta de don Arturo, pero también puedo comprenderla aunque la confronte. Por lo que a él he leído y a él escuchado, la lealtad, el compromiso, la palabra dada son de máxima importancia. Pero entiendo mejor en esta ocasión el argumento de David Uclés: esta es mi decisión y este mi porqué en base a mis valores. ¿Algo que objetar?, me pregunto. En absoluto, me respondo.
El precio del éxito
Es sencillo entender a escritores como J. D. Salinger en su decisión de «desaparecer» del mundo. Sabían cuánto cuesta el éxito. David Uclés es un joven, me permito valorar, al que no resulta sencillo encajar en las más frecuentes etiquetas actuales: un estudiante que opta por Traducción e Interpretación, con master en Profesorado en Lengua Extranjera, que reside y trabaja en varios países europeos y dedica sus veranos a tocar el acordeón en la calle para con esos ingresos habitar el invierno mientras escribe, compone y pinta…
Súmale que se viste como le sale de los cojones, lo que también se ha criticado: que si el pelo, que si la barba, que si las boinas, que si su aspecto de no sé qué… Vamos, un perroflauta de manual para según quienes.
Además de haber triunfado con dos cosas tan viejunas a ojos de ciertos popes literarios: realismo mágico y Guerra Civil. Esto tiene que haber jodido, como mínimo, a dos o tres mil escritores, tanto consagrados como noveles, aspirantes, frustrados o incapaces.
Añade que decide aceptar el Premio Nadal (sí, lo escribo así, aceptar, como se acepta también el Planeta y no pocos más) y, con ello, incorporarse a la editorial más potente, lo cual significa tan solo una cosa a mi entender: satisfacer la legítima aspiración de proveer el entorno más conveniente al objetivo último de quienes persiguen vivir de su escritura.
Las consecuencias: amenazas, amenazas y amenazas.

David Uclés: rojo, perroflauta y maricón
Y ahí están todos los ingredientes: rojo, perroflauta y… no escribiré de nuevo el siguiente insulto que he usado hasta ahora por dos únicos motivos. El primero, que llegases aquí condicionada/o. El segundo, despertar la memoria del perfil completo de tantas personas perseguidas poco después del tiempo que David Uclés recoge en su famosa novela: cuatro hostias por rojo, vago, maleante y maricón. A mí me lo ha recordado la deliciosa novela Un encargo difícil, de Pedro Zarraluki, que acabo de terminar hoy.
No lo escribiré otra vez, porque alguien interesado como David Uclés por las Humanidades, interesado por la pintura, la música y las letras, ha de ser sin duda el envoltorio de un alma sensible. Y las almas sensibles hacen lo que les es propio, amar.
Por eso quienes utilizan el insulto que no volveré a escribir confunden hombría y masculinidad y la sitúan a la altura de la bragueta. Y el resto, las personas mínimamente asfaltadas, ya desbrozadas, entendemos que el alma se refleja en el corazón, donde simbólicamente situamos la capacidad de amar.
El corazón de David Uclés pasó por el taller hace poco para ITV y puesta a punto. Claro, es lo que pasa cuando se fuerza la máquina; uno fuerza el motor del coche y el motor se queja. Uno se llena o se vacía el corazón constantemente y el corazón se queja.
* * *

Actualización: 7 de febrero de 2026
A veces queda todo más claro cuando se completa el contexto. A ver si al final resulta que todo acaba en el mismo sitio y lo que se achaca a unos en cuanto a promoción editorial, a personaje creado para favorecer ventas, a oportunismo y mercadotecnia, coincide, CASUALMENTE, también en la otra parte.

Como se ve en los resultados de Google a la búsqueda «Línea de fuego edición 90 aniversario», la editorial Penguin Libros publica en su página web el día 29 de enero (un día después de que yo escribiera este texto) la edición conmemorativa por el 90º aniversario de la Guerra Civil de la obra de Arturo Pérez-Reverte Línea de fuego, merecedora en 2020 del Premio de la Crítica.
David Uclés anunció que no asistiría a las jornadas de la Fundación Cajasol en Sevilla sobre la Guerra Civil apenas unos días antes. Lo recoge ElDiario.es el domingo 25 de enero.

¿Puede haber relación entre la proximidad de ambas fechas, la trascendencia de la invitación declinada por Uclés, el alboroto en los medios de comunicación, las entrevistas, columnas de opinión, críticas, reproches, etcétera?
Me surge alguna duda más
¿Puede que el derecho de Uclés a crear cuantos personajes considere, incluido el propio de ser el caso, movido por cuestiones económicas y comerciales o no, haya sido entendido por quien proceda como un inconveniente más allá de las meras jornadas?
Aparte del valor intrínseco de dichas jornadas, de todo lo interesante que sin duda se desprenderá de ellas cuando se celebren, aparte de todo esto, pregunto: ¿puede haber entendido alguien en la editorial de don Arturo, en su entorno, tal vez don Arturo mismo, que hubiera sido más conveniente la ausencia de polémica para la bonanza comercial de la edición conmemorativa?
¿Se habrían vendido más ejemplares sin todo el ruido y jaleo alrededor de este asunto? ¿Se venderán más libros, por el contrario, gracias al desencuentro y, en cierto modo, enfrentamiento?
Los que han defendido con uñas y dientes, muchos dientes, a don Arturo, ¿sabían de esta feliz coincidencia editorial? ¿Opacada o acentuada por la polémica?
Los que entendemos que David Uclés tiene derecho pleno a crear cuantos personajes considere, incluido el propio si así fuera, ¿vemos reforzado nuestro argumento?
Finalmente, ¿cabe recordar a don Pedro Calderón de la Barca y El gran teatro del mundo cuando Segismundo dice: «en el mundo, en conclusión, todos sueñan lo que son»?