Señores que leen a Violeta Niebla, Lucía Solla, Lana Corujo y Marina Arrabal

Señores que leen literatura actual escrita por mujeres. Con gran disfrute, añado. Sin pudor alguno, matizo, aun teniendo sensación de rara avis (persona o cosa conceptuada como singular excepción de una regla cualquiera).

Apenas acudieron hombres a estas presentaciones, no hemos supuesto un quince por ciento de la concurrencia en cada presentación (a excepción de la última, mi preferida). Lo que ha de tomarse como evidencia: ellas leen más. No me creas a mí: cree el informe del Ministerio de Educación, que no es cuestión de fe, sino estadística (El hábito lector en España en 2025).

En un lugar de La Mancha, Violeta Niebla

En Argamasilla de Alba hay una librería en la que pasan cosas: exquisitas presentaciones íntimas. Kalifornia es un espacio cultural inusual e irreverente, una gota en el desierto, una cerveza helada en agosto, un rocanrol a todo trapo en una carretera secundaria. Y esta es su web, donde puedes comprar libros en vez de hacerlo en Amazon o en la planetaria Casa del Libro. Aquí su Facebook y aquí su Instagram.

Allí escuché a Violeta Niebla y descubrí todo lo que hizo por dinero (ver libro Todo lo que hice por dinero). Un relato minucioso de las dificultades laborales, que no afectan solo a los más jóvenes en sus primeras ocupaciones.

Un afinado sentido del humor, ácido en ocasiones, lúcido, conmovedor y reflexivo. Un libro ágil, muy entretenido, con una estructura novedosa: es la primera novela que leo presentada a modo de currículo vitae.

Con un leve porcentaje ficticio, como Violeta explicó en su presentación, la obra destripa una de los desastrosas realidades de nuestra sociedad actual: trabajo precario. Y todo lo que conlleva más allá del mero aspecto económico. Lo emocional y psicológico, lo social, lo aspiracional…

Puedes escuchar la presentación completa aquí:

Lucía Solla: Comerás flores

Lucía Solla Sobral, Comerás flores, librería Kalifornia, Argamasilla de Alba.

Es complicado escribir sobre Comerás flores, de Lucía Solla Sobral. Abundan las reseñas escritas, los vídeos en cuentas de redes sociales que comentan libros, abundan las entrevistas. Y abundan también, señaló Lucía, las opiniones infundadas en cuanto a no haber leído el libro y hacer uso de herramientas artificiales (tanto abundan que la autora ha encontrado un patrón que le permite distinguirlas).

Ha dominado las listas de ventas, ha cruzado fronteras e idiomas… así que doy por supuesto que se conoce la historia: la manipulación y el abuso emocional y psicológico en las relaciones dispares. Digo dispares en cuanto a falta de equilibrio y similitud. En este caso, Marina, veinte años más joven que su maltratador, Jaime.

Pellizca. Este libro pellizca. Evidentemente solo puedo hablar de él desde mi experiencia lectora, indefectiblemente condicionada por mis circunstancias: mi edad, mi vida, mis lecturas previas…

Y pellizca, que es precisamente lo interesante de este libro. Quizá no solo como precaución para mujeres jóvenes, tal vez tampoco como reflejo de los múltiples tipos de maltrato que puede sufrir una mujer en una relación insana. Debe pellizcar al lector masculino que tenga su masculinidad más cerca del pecho que de la ingle con una pregunta que no aparece expresa en el libro: ¿también yo, alguna vez, de algún modo, con algún comportamiento, con algún comentario…?

Me sorprendió uno de los puntos de partida compartido por Lucía: entre su grupo de amigas (mujeres jóvenes con formación universitaria, concienciadas y comprometidas) todas habían vivido algún tipo de violencia en sus relaciones. Y este hecho debe inquietarnos a todos.

He leído opiniones encontradas sobre la novela: quienes ponen en duda que sea una novela, quienes alaban la sencillez de la escritura (¡no es una escritura simple!) y a quienes se les queda corta; los que celebran la ternura y esponjosidad de la historia y los que la consideran blanda en exceso; opiniones que valoran los rasgos de los personajes considerando que los hacen cercanos e identificables y otras que encuentran planicie en ellos.

¿No es esto lo que convierte un libro en interesante? Denota, a mi entender, complejidad bajo apariencia de sencillez. Y eso solo puede resultar de un trabajo minucioso en el que la reescritura ha desarrollado su papel.

Puedes escuchar la presentación completa aquí:

Lana Corujo: Han cantado bingo

Lana Corujo, Han cantado bingo, Librería Kalifornia, Argamasilla de Alba.

No sucede a menudo que las literaturas periféricas (léase aquellas alejadas de las grandes urbes por su contenido o autoría) protagonicen las listas de ventas. Ha ocurrido con Han cantado bingo, de Lana Corujo.

Desconozco si ha favorecido en algo el éxito de Panza de burro, primera novela de Andrea Abreu (que presenta ahora Pajaritos preñados, actualmente en el tercer puesto de los más vendidos según El Español). No he leído aún estas dos obras, pero como devorador casi compulsivo de prensa sé que Panza de burro comparte con Han cantado bingo un escenario isleño, protagonistas infantiles, un vocabulario que no esconde la insularidad…

El paisaje juega un papel importante en Han cantado bingo, porque el cráter/volcán situado por Lana en Lanzarote es un personaje muy presente que condiciona el desarrollo de la historia y porque la memoria de las voces de los demás personajes aparece asociada al paisaje: geográfico, humano, vivencial, sociocultural…

Se aprecian en esta novela las otras vocaciones de la autora: poesía e ilustración. Su escritura, lírica y visual, es también fragmentaria. Condiciona con ello la estructura mediante un planteamiento no lineal.

Puedes ver a Lana Corujo en Página2 de RTVE aquí: https://www.rtve.es/play/noticias/20260506/lana-corujo-cantado-bingo-lanzarote/17041353.shtml

Marina Arrabal: Dulcenombre

Marina Arrabal, Dulcenombre, Casa de Cultura, Alcázar de San Juan.

Estudió filosofía, trabaja como enfermera en una institución psiquiátrica y no está bautizada. Y estos tres datos guardan relación directa con su primera novela, Dulcenombre, que surge del personaje que interpretó en la cuenta de Instagram @hagiografíahoy: un compendio ficticio de vidas de santos y santas; por ficticias, inexistentes e inventadas.

De ahí, la petición editorial para transformar en libro la propuesta artístico teatral performativa de la mencionada cuenta de Instagram. Me sorprende que no se encuentre ya en los primeros puestos de las listas de libros más vendidos, pero tampoco tengo dificultad en comprender que no sea así.

La razón es sencilla: un libro complejo, con múltiples capas —tanto en lo referente a los hechos como a la protagonista— y cierta densidad, lejos de la complacencia, que asume un lector activo —necesario para superar las elipsis, hilvanar los matices, profundizar en las posibilidades sugeridas—. Dice la autora que recibe habitualmente el calificativo de raro: creo que no, no es libro raro, es un libro exigente con aspiraciones infrecuentes y estructura escrupulosa (en su tercera acepción: rigor en el cumplimiento del deber).

La temática: explorar los límites de lo considerado normal. ¿Qué es lo normal? ¿Cómo aplicarlo en lo tocante a salud mental? Y múltiples subtemas: las represiones propias y heredadas, el papel de la familia y el entorno en el desarrollo individual y la construcción de la personalidad, los límites de lo social y el modo en que las individualidades singulares (en cuanto a distintas) encajan en estos… Todo ello envuelto con la profunda presencia —o marcado lastre— de la tradición cristiana.

Escrito con un precisión léxica que puede recordar al escalpelo del cirujano y un tono inquietante que promueve el desasosiego, poblado con personajes redondos —en absoluto planos—, te adentrarás en una realidad literaria subyugante. Si te atreves.

Acudí a dos presentaciones de la novela, que devoré en unas horas antes de la primera presentación, sorprendido por el contraste entre la oscuridad del mundo literario que ha creado y la mirada brillante de su autora, la amplísima sonrisa, el hablar pausado… Además, la profundidad y variedad de conocimientos: literatura, cine, teatro, filosofía evidentemente, psicología…

Y un último detalle, quizá intrascendente para muchos, pero determinante para mí. Le preguntaron por las sesiones de escritura después de turnos de doce horas en el hospital donde trabaja. Ella respondió de igual modo a esto y a las obligaciones de promoción actuales: jornadas exigentes. Y de ello infiero una gran capacidad de trabajo, esfuerzo, constancia, renuncia… Con inmenso valor a mis ojos.

Puedes escuchar aquí la presentación completa.

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